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viernes, 30 de abril de 2010

Roberto Bolaño: 2666, monstruosamente bella y derroche de fuerza narrativa.



La novela póstuma de Roberto Bolaño

Un oficio peligroso y para valientes

Por Andrés Pau

NOTA: A todos los blogueros que deseen la novela en digital enviar la dirección de correo electrónico y con gusto se las mandaré. DanteRemixCRLiteraria.

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Roberto Bolaño - 2666

Anagrama, Barcelona, 2002

La historia es conocida. Roberto Bolaño, ante la inminencia de su muerte, visitó a su editor y le propuso un plan de índole práctica para su último libro, de colosales dimensiones. Se trataba de publicar cinco novelas -el libro está dividido en cinco partes-, con periodicidad anual, para que los hijos de Bolaño tuviesen medianamente resuelto su futuro económico. Sin embargo, tras la muerte del escritor y reunidos la familia, el editor y el crítico de confianza señalado por el propio novelista, decidieron publicar el monumental inédito en un solo volumen. Benditos sean.

Y sean benditos por muy diferentes motivos, pero sobre todo porque han mantenido -a pesar de no hacer caso de los deseos del muy gravemente enfermo autor chileno, deseos por otra parte marcados por la practicidad del proyecto- la unidad de esta ingente, colosal, desmesurada y valiente 2666. (Escribir y publicar en el siglo XXI una novela de más de mil páginas supone un ejercicio de honestidad y valentía ciertamente encomiables: Carlos Marzal prepara, por cierto, en Tusquets Los reinos de la casualidad, su debut en la narrativa y de similares dimensiones; bienvenida sea). Lo dijo Roberto Bolaño en una de sus últimas entrevistas, palabras que se nos antojan un más que probable testamento literario: «Muchas pueden ser las patrias, se me ocurre ahora, pero uno sólo el pasaporte, y ese pasaporte evidentemente es la calidad de la literatura. Que no significa escribir bien, porque eso lo puede hacer cualquiera. ¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura es básicamente un oficio peligroso».

Ante las dimensiones de 2666, al comentarista le asalta de manera inmediata una cuestión de procedimiento: ¿cómo abordarla? ¿Cómo atacar este volumen de más de mil cien páginas dividido en cinco partes? ¿Cómo hacer una crítica cabal, siquiera un comentario honesto, que haga cierto aunque siempre insuficiente honor a la complejidad de 2666? La respuesta es inevitable: resulta imposible. En cambio, hay tanto por decir, tanto que decir de 2666... Estamos seguros de que será -si no lo es ya- una novela de culto y que pronto comenzarán -si no lo han hecho ya- las publicaciones de trabajos, tesinas y tesis doctorales que tengan como tema la novela póstuma de Roberto Bolaño. El hilo conductor de 2666 es el escritor alemán Benno von Archimboldi, nacido en 1920 y desaparecido desde mucho tiempo antes a ponerse de moda. Tras sus pasos marchan cuatro profesores universitarios, tres hombres y una mujer que mantiene relaciones con dos de ellos a la vez -«La parte de los críticos»-, que dan con una pista que les conduce a la ciudad mexicana de Santa Teresa, en la frontera con Arizona. Allí conocen, entre otros, a un profesor universitario catalán que ha ido a parar a Santa Teresa sin saber bien cómo ni por qué -y cuya mujer se ha marchado de casa para seguir los pasos de un poeta loco encerrado en el manicomio de Mondragón- que protagoniza la segunda parte, «La parte de Amalfitano». Por otro lado, un periodista estadounidense negro que trabaja para una publicación afroamericana y que no para de vomitar, debe ir de Detroit a Santa Teresa a cubrir un combate de boxeo y descubre los asesinatos de mujeres que se producen en la fronteriza ciudad, que no es más que un trasunto de Ciudad Juárez: es «La parte de Fate». Con un estilo periodístico y lírico a la vez, de un raro lirismo, muy frío y por ello más sobrecogedor, la novela nos lleva a «La parte de los crímenes», donde de manera minuciosa, como una letanía, se nos narran los diferentes asesinatos de mujeres en la ciudad fantasma y fronteriza, rodeada de basureros ilegales y de baldíos, de maquiladoras donde trabajan miles de emigrantes, de un desierto que parece vivir y morir con ellos. Y, por último, como si se cerrara una especie de círculo amorfo y desigual pero de una extraña perfección, se nos cuenta la biografía de Benno von Archimboldi, nacido Hans Reiter: desde que nace en 1920 hasta que, ya octogenario, parte hacia México, pasando por sus experiencias en la II Guerra Mundial y sus inicios como escritor, su errante vida por Europa y su voluntaria desaparición del mundanal ruido. Es la quinta y última parte: «La parte de Archimboldi».

Por lo tanto, dos ejes atraviesan 2666, el escritor -cómo le gusta, le gustaba a Bolaño trabajar con personajes que se dedicaran a la literatura- Benno von Archimboldi y la ciudad -cómo le gusta, le gustaba a Bolaño desarrollar sus historias en cualquier lugar de Latinoamérica- mexicana de Santa Teresa como espacio donde la muerte campa a sus anchas. Y a través de estos dos ejes se construye una arquitectura colosal, desmesurada, de perfiles exactos como cuchillos e inexactos como el viento del desierto: por ella deambulan personajes más o menos importantes, pero siempre tratados con el nervio y la raza del gran novelista que es -fue- Roberto Bolaño. Y que protagonizan situaciones o historias -novelas dentro de la novela- difíciles de olvidar. Resultaría ingente hablar de todas. Sin embargo, queremos que queden plasmados aquí, en esta reseña, algunas de ellas: el menage-à-trois de los críticos francés y español con la profesora inglesa; las visitas de Lola al poeta loco de Mondragón; el sermón que pronuncia Barry Seaman, un antiguo Pantera Negra que vive de conferencias, ante los fieles de una iglesia evangélica; el ambiente irrespirable de Santa Teresa, con su viento del desierto, sus atardeceres locos y sus crímenes cotidianos nunca resueltos, con esa dejadez y esa brutalidad tan propias de la policía mexicana; los cuadernos que Hans Reiter encuentra en una isba ucraniana, escritos por el narrador revolucionario y más tarde caído en desgracia -como todos- Ansky, que le descubre la necesidad y la urgencia y el abismo de la escritura; y, por último, la figura del editor Bubis en la última parte. ¡Qué hermoso testamento nos deja Bolaño acerca de los buenos editores y de los malos críticos! No querríamos cerrar esta reseña sin incluir una cita del narrador de la última parte, «La parte de Archimboldi», que reflexiona acerca de la Historia, esa Historia que tiene dos momentos cumbres en 2666: la II Guerra Mundial y los crímenes de mujeres en Santa Teresa: «Es bien sabido que la historia, que es una puta sencilla, no tiene momentos determinantes sino que es una proliferación de instantes, de brevedades que compiten entre sí en monstruosidad». Y que nos conduce, añadiríamos nosotros, a ese punto de fuga a medias fantasmal y a medias tangible que es el año 2666.

Link para bajar la novela 2666 en digital

http://www.linksole.com/jprb37

7 comentarios:

  1. Dante:

    Muy grande esta entrada. Te felicito.

    Mi correo electrónico a fin de contar con la novela digital de Bolaño:

    poetafrankruffino@hotmail.com

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  2. Gracias Dante por cumplir tu ofrecimiento público. Llegó sana y salva a mi correo.

    Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

    Frank.

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  3. Es lo menos que puedo hacer por un grande, grandísimo Roberto Bolaño. !cuando uno ama la literatura de verdad, quedan atrás viejas rencillas que se dan al calor del momento!!A vos las gracias por pasar por este infiernillo!!Ten salud!

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  4. Dante:

    Esa es una verdad meridiana. El rencor y el odio originados en la sinrazón no guardan mayor valor, y por ello se da cuenta uno cuando se obra absurdamente, y se da un viraje violento hacia la cordura. En eso estamos.

    Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

    Frank.

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  5. Hola. Hace tiempo que busco ésta novela. Dejo mi correo a fin de poder leerla. ernestponce@gmail.com

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  6. Excelente entrada.
    Te agradecería que me envíes la novela digital
    mi correo adrianomjm@gmail.com
    Un abrazo
    Suerte

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