EL VAMPIRO LITERARIO

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miércoles, 14 de septiembre de 2011

UN CANON DE LITERATURA



UN CANÓN de literatura empieza con los premios, por la crítica literaria especializada, por la crítica en revista literarias o el análisis en las aulas universitarias. UN CANÓN da inicio cuando la obra literaria soporte el riguroso análisis. También debe de tener otros atributos: el rompimiento de esquemas establecidos o un aporte novedoso a la literatura o quizá una visión de mundo superior a las otras. Igualmente se debe de tomar en consideración: las ventas de libros, sus reediciones o si son libros de textos. Un libro es un libro de culto cuando reúne las condiciones antes dichas y no cuando se parte del análisis poco científico de la obra literaria. Cuando lo anterior sucede SE PUEDE HABLAR DE UNA NOVELA DE CULTO o de un escritor de CULTO no antes.

Alfonso Chase dijo lo siguiente en su excelente espacio de la ronda de los libros el año pasado:
"

Historias de nunca acabar


Antología del nuevo cuento costarricense


Guillermo Barquero – Juan Murillo


Editorial Costa Rica 2009




Los compiladores, o antologistas, son ellos mismos cuentistas de buen nivel, al menos en lo que conozco de ellos. Eso garantiza la metodología de la selección de los quince narradores costarricenses. De Alí Víquez a David Eduarte se nos presenta un panorama de la cuentística nacional, doce hombres y tres mujeres, que es también un recorrido por veinte años de narrativa, a partir de Víquez Ramírez. Como toda antología el nuevo es solo un recurso retórico de atracción para nuevos valores, que resultan un poco menos nuevos, dado que el inicio de casi todos como escritores abarca de 1990 a 1996, en adelante.
Toda compilación refleja el gusto y competencia de los antologistas. Me interesan los autores y los cuentos. Por ejemplo: Alí Víquez, ampliamente conocido e iniciado como autor   con el Premio Noven Creación (1990. Su cuento incluido  constituye una obra de relevancia, aunque de nuevo no tiene nada. Mauricio Ventanas, Alfonso Chacón Rodríguez, Heriberto Rodríguez, etc. Etc. Es decir, casi todos aportan intereses temáticos novedosos en nuestra literatura y, reflejan, queda claro en la presentación, minigeneraciones a partir de 1966, todos menores de cuarenta años al seleccionárseles, quedan fuera los ya consolidados como autores, ampliamente conocidos. En mi criterio lo nuevo lo define el texto y no sólo la cronología de nacimiento. En esto estamos claros. Que ésta compilación es una especie de presencia, en el nuevo siglo, de variados autores, algunos de ellos muy buenos, otros regulares y ninguno tan malo (o mala). Es decir deficiente, o mediocre, en el tratamiento del género. No entiendo porque dicen que Catalina Murillo es autora de culto: es una escritora plena, pero no aporta ninguna novedad. Luis Chaves tiene la virtud de ser y parecer, completamente renovador, dueño de un mundo muy particular que se lee desde una óptica de ruptura, como todo lo suyo. Aunque no sea tan radical como piensan.
Todos los otros muestran lo que se señala muy claramente: cada texto tiene un valor literario, simbólico, que refleja a los autores en el uso de los temas y lenguaje, las influencias perceptibles, su visión de mundo. Pero a veces no tienen la redonda claridad del relato (salvo tres de ellos) y ni siquiera el valor textual social, aunque más parecen muy importantes los de Gustavo Adolfo Chaves y Albán Mora, relatos que reflejan el posible futuro de sus autores. No encuentro efervescencia de períodos ni en lo que aparece allí escogido ni en los temas planteados. Todo tiene una reposada manera de escribir, con cierto ingenio, pero no creo encontrar algo que sobresalga en relación con las otras generaciones, según los compiladores, presente sí en autores como Rodrigo Soto, Guillermo Fernández, o los mismos Guillermo Barquero y Juan Murillo. La mayoría de los textos son ejercicios de estilo algo que se quiera contar, algo de nunca acabar. La palabra siempre fluyendo, con fulgor en Luis Chaves, Laura Fuentes, Carlos Alvarado. Algo que nos dice de ese impulso   de escribir hacia el futuro. Nada del otro mundo. ¿Cuál? Testimonio y esfuerzo de los compiladores y de los autores presentes. Algo que nos debe impulsar para conocer más de los seleccionados.
Ahora y después de leer este libro".

Sobre estos tópicos arriba analizados otros son importantes tomar en consideración como los que señala Andrés Amorós:


I. LA LITERATURA
A pesar de la televisión, de la ola de erotismo que nos invade y de las drogas blandas, todavía son millones de personas las que leen una novela o un poema, buscando en esa lectura distracción, evasión de sus problemas, belleza, consuelo... A la vez, miles de personas estudian la literatura como una asignatura más de los planes de estudio y se ven obligados a aprender manuales de historia o a leer y comentar textos literarios. Lo malo es que los dos grupos de personas, quizá, sean diferentes.
¿Tiene sentido estudiar unas novelas, unos dramas o unos poemas porque así lo ha decidido el Ministerio de Educación correspondiente? No sería difícil encontrar argumentos de peso contra esta práctica. En todo caso, no es más absurdo que estudiar a unos pintores o escultores porque así lo ha decidido algún experto.
Por supuesto, Cervantes no escribió para dar materia de estudio a los cervantistas; ni Dante, para que se compusieran comentarios a su Divina Comedia; ni Proust, para dar ocasión a las explicaciones biográficas o psicoanalíticas de À la recherche du temps perdu; ni Cortázar, para que los investigadores intenten descifrar y aclarar las complejidades estructurales de Rayuela.
Son, simplemente, libros. Libros que ha escrito un hombre y que leen otros hombres: con placer, con disgusto, con emoción, con aburrimiento. Si el aburrimiento supera ciertos límites, abandonarán la lectura a la mitad. Esto es la base de toda la literatura: el placer que alguien obtiene leyendo lo que otro ha escrito.
Pero, de hecho, existen editoriales, colecciones, revistas literarias, profesores, críticos, cursos de historia literaria, antólogos, sociólogos de la literatura, semiólogos... Para bien o para mal, éstos son hechos reales.
Y esta cadena de hechos incluye también que el que lee —por gusto, por obligación, por lo que sea— un libro no se contente con escuchar la voz silenciosa del autor sino que reaccione ante ella, la critique y hasta se plantee cuestiones de tipo general. Por poco aficionado que sea a las abstracciones, no dejará de preguntarse, en muchas ocasiones, si ese libro que está leyendo es realista o no, si refleja la experiencia autobiográfica de su autor, qué tiene que ver con la vida de sus posibles lectores...
Según eso, me parece evidente que no sólo el hecho de aprender o enseñar historia literaria, o de ejercer la crítica, sino cualquier lectura mínimamente reflexiva trae consigo una cierta meditación sobre la literatura: sus funciones, medios, posibilidades, límites... Y esa reflexión no es un simple pasatiempo teórico, sino que condiciona de modo excesivo nuestra actitud como lectores.
Por eso nos volvemos a plantear esas preguntas, tantas veces formuladas. A sabiendas de que —ni nosotros, ni nadie— podremos resolverlas. Las frases de Azorín en El escritor son implacables: «El misterio del escritor no lo penetrará jamás nadie. El misterio de la obra literaria no será jamás por nadie enteramente esclarecido». Por supuesto, como todas las realidades —quizá— que verdaderamente nos importan. Seguiremos preguntándonos sobre ellas, sin pretensiones de resolverlas, porque en eso consiste—recordemos el título de Pavese— «il mestiere di vivere». Y, en este caso concreto, sin temor a que se nos eche en cara, seguiremos acumulando literatura sobre la literatura, intentando aproximarnos a su misterio".
Hasta acá el texto de Andrés Amorós.
Biografía:


Biografía

Es Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid. Siempre vinculado al mundo del teatro y los espectáculos, fue miembro del Consejo Asesor del Centro Dramático Nacional bajo la dirección de Luis Alonso; asesor literario durante el mandato de Lluis Pascual; director cultural de la Fundación Juan March, donde creó la Biblioteca de Teatro Español del siglo XX; patrono del Festival de Almagro y de la Fundación Pro Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Desde 1999 dirige la Compañía Nacional de Teatro Clásico y desde el año 2000 es director general del Instituto de Artes Escénicas y de la Música (INAEM). Ha coordinado la Historia de los espectáculos en España (con José María Díez Borque) y La zarzuela de cerca. Dirige la colección de textos teatrales ¡Arriba el telón! (Ed. Biblioteca Nueva). Investigó profundamente la obra de Ramón Pérez de Ayala y el teatro y la vida cultural entre los siglos XIX y XX. También ha indagado en la literatura de consumo, dedicando importantes trabajos a la novela rosa, y en la literatura española e hispanoamericana contemporánea. Está casado y tiene cuatro hijos.
Es autor de más de cien libros de su especialidad, pero también de otros contenidos como -por ejemplo- la tauromaquia, materia de la que es aficionado, y dirige la colección de libros "La Piel de Toro". Entre sus galardones destacan el Premio Nacional de Ensayo, el Premio Nacional de la Crítica Literaria, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española y el Premio José María de Cossío. Ha participado como comisario en exposiciones con temática teatral y literaria: "Caricaturas teatrales de Fresno"; "Ramos Carrión y la zarzuela"; "Clarín y la Regenta"; " Francisco Ayala"; "Letras de España"; "La vuelta al mundo en 80 libros" y "Manuel Machado, poeta modernista". Actualmente dirige el programa "Música y Letra" en esRadio.
Don Andrés Amorós es Académico de Honor de la Real Academia de Cultura Valenciana.
Entre 2000 y 2004 fue Director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, del Ministerio de Educación y Cultura.
Conclusiones de lo anterior:

  • A) A pesar de la radio y la televisión o la Internet, siempre existirán lectores. Siempre existirá el enfrentamiento del lector con el texto narrativo. Sin embargo, existen dos tipos de LECTORES: el lector de que lee por placer ( acá se incluye a otros escritores) y en segundo término el profesional de la Literatura, el estudioso, el crítico de arte. Sin embargo, al respecto yo añadiría que también el crítico literario debe de ser no solo sagaz cuando se enfrente al texto literario sino también, una persona culta, y lo más importante desprovista de SUBJETIVIDADES al analizar la obra abandonado a los amiguismos como sucede en nuestro medio.

B) La óptica cambia desde la perspectiva del lector y del crítico literario. Es evidente que la perspectiva cambia: el acercamiento es desde otra óptica. Sin embargo, EN AMBOS sujetos: tanto el lector común como el crítico literario debe de tener ambos algo que ya señalé en otra ocasión: sensibilidad, algo raramente encontrado en los blogueros nacionales y en uno que otro "crítico literario" al momento de hacer los comentarios.
C) El juego editorial. Como lo señalara antes, es importante la difusión y la venta de la obra literaria. Esto no quiere decir que una obra es BUENA porque solo se vende masivamente pero, es un termómetro que no debe de escapar del ojo del lector medio y mucho menos del crítico de arte. Por ejemplo en nuestro medio no se puede negar - aunque lo confieso, sus novelas no están dentro de mi canon literario-  la exitosas ventas de "La loca de Gandoca" y "Asalto al paraíso" de Ana Cristina Rossi y Tatiana Lobo. Otro fenómeno editorial fue el de Fernando Contreras con su novela "ÚNICA MIRANDA AL MAR" Por lo tanto, el aspecto de las reediciones es un punto significativo al tomar y valorar una obra de arte, aunque acá en Costa Rica a más de uno le chime que sus novelitas o libritos de cuentos se quedan embodegados en las editoriales del Estado o en las Editoriales privadas. De igual modo, la obra es relevante cuando es analizada y estudiada con vigor y rigor científico en las revistas universitarias especializadas les guste o no les guste a muchos "pseudo escritores nacionales" (en el caso que lleguen hasta este escalafón de calidad literaria.
Ch) Actitud reflexiva ante la obra literaria. De lo anterior entonces se desprende, un comportamiento de crítica tanto del lector medio como del especialista.
D) Las dificultades y los misterios de la obra de arte. Yo no comparto esto último de Andrés Amorós, sin embargo, debemos de ser sinceros: existirán tantas interpretaciones de una obra literaria como críticos y personas, todo depende de la inteligencia y la objetivad e incluso de la HONESTIDAD a la hora de emitir el JUICIO DE VALOR.


2 comentarios:

  1. !Excelente comentario Dante! !Pasaré más a menudo por este infierno! Saludos. J. Méndez Limbrick.

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  2. Gracias a vos señor Méndez Limbrick. Haremos cada semana un comentario de teoría literaria y cuando podamos haremos un comentario serio de escritores nacionales. Sin "derramar bilis" como dicen algunos. Mi intención es otra verdaderamente.

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